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un estudio sobre adán coprovich

poéticas de otros

ángel crespo. poética

ángel crespo. poética

Cuando el poema niega la intención que nos indujo a escribirlo, debemos felicitarnos de su inquebrantable autenticidad. Y de sabernos instrumentos del Verbo.

 

Una pregunta bien hecha suele ser más poética que cualquier afirmación. A esto llamo realismo poético.

 

Temo a las palabras que digo porque sé que me acercan a lo que no seré capaz de decir.

 

Las cosas no necesitan de nombres nuevos para entrar en el mito: lo importante es la función que se descubre en ellas, lo que el poeta es capaz de contar de ellas porque lo ve o lo supone intuitivamente.

 

Hablar de mística en los campos de Castilla, ¡qué vulgaridad!

 

Todas las palabras tienen dos sílabas más: el silencio que las precede y el silencio que las sigue. El primero ya ha sido pronunciado por los dioses, como muy saben cuantos poetas tratan de pronunciar el segundo.

 

La palabra inglesa lark suena, sin duda, a alondra; la persa bulbul suena, en lugar de a ruiseñor, a paloma buchona, diga lo quiera Rubén Darío.

 

Los grandes poetas siguen, despúes de muertos, viviendo en nosotros. ¿Qué es, entonces, la vida? ¿O somos nosotros su efímero paraíso?

 

La poesía es el ouroboros: la serpiente que se muerde la cola. O mejor, el círculo perfecto: porque no se sabe cuál es su cabeza ni dónde muerde.

 

Cuando una parte de la verdad se nos escapa, la llamamos contradicción. Pero nada de cuanto existe -ni la misma contradicción- es verdaderamente contradictorio. Dígalo el poema.

 

Lo que echa a perder todo entre nosotros es que el poeta no es considerado como un ejemplo, sino como un ejemplar.

 

La poesía consiste en ser exacto con lo inexacto sin convertirlo en exacto.

 

Bendita sea la rima porque nos obliga a imaginar. Y a veces a contradecirnos.

 

Decididamente, la poesía no es "la palabra en el tiempo", sino "la palabra en su sitio".

 

¿Cómo distinguir esos dos aletazos: el del genio y el de la locura?

 

Si queremos superar las apariencias, será inútil que nos valgamos del lenguaje que de ellas procede.

 

A un poeta no se le debe juzgar por sus opiniones, sino por sus creencias. La creencia es el hombre.

 

Escribamos poesía para embellecer nuestra ignorancia y consolar a la ajena.

 

Que nuestras limitaciones puedan aspirar a lo ilimitado, aunque no lo consigan. Así serán bellas.

 

La filosofía aborrece las contradicciones; la poesía las ama.

 

Sin contradicción, ¿qué hay sino muerte, quietud definitiva y necesaria?; con ella, ¿qué sino vida, puro devenir insospechable?

 

A condición de que la contradicción sea poética, y no incapacidad para lo bello. (1)

 

(1) Extractos "Para un arte poética" del libro La puerta entornada, Ed. La Palma 1998, colección póstuma de aforismos del gran poeta Ángel Crespo.

tristán tzara. poética

tristán tzara. poética

Todo producto del asco susceptible de convertirse en una negación de la familia, es dada, protesta con todas las fuerzas del ser en acción destructiva: DADA; conocimiento de todos los medios hasta ahora rechazados por el sexo púdico del compromiso cómodo y la cortesía: DADA; abolición de la lógica, danza de los impotentes de la creación: DADA; de toda jerarquía y ecuación social instalada para los valores por nuestros lacayos: DADA; cada objeto, todos los objetos, los sentimientos y las oscuridades, las apariciones y el choque preciso de las líneas paralelas, son medios para el combate: DADA; abolición de la memoria: DADA; abolición de la arqueología: DADA; abolición de los profetas: DADA; abolición del futuro: DADA; creencia absoluta indiscutible en cada dios producto inmediato de la espontaneidad: DADA; salto elegante y sin perjuicio de una armonía a la otra esfera; trayectoria de una palabra lanzada como un disco sonoro grito; respetar todas las individualidades en su locura del momento: seria, temerosa, tímida, ardiente, vigorosa, decidida, entusiasta; pelar su iglesia de todo accesorio inútil y pesado; escupir como una cascada luminosa el pensamiento chocante o amoroso, o mimarlo -con la viva satisfacción de que da igual- con la misma intensidad en el zarzal, puro de insectos para la sangre bien nacida, y dorada de cuerpos de arcángeles, de su alma. Libertad: DADA DADA DADA, aullido de los dolores crispados, entrelazamiento de los contrarios y de todas las contradicciones, de los grotescos, de las inconsecuencias: LA VIDA.


PARA HACER UN POEMA DADAÍSTA

Coja un periódico.

Coja unas tijeras.

Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema.

Recorte el artículo.

Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa.

Agítela suavemente.

Ahora saque cada recorte uno tras otro.

Copie concienzudamentre en el orden en que hayan salido de la bolsa.

El poema se parecerá a usted.

Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendida del vulgo. *

* Ejemplo:

cuando los perros atraviesan el aire en un diamante como las ideas y el apéndice de la meninge señala la hora de despertar programa (el título es mío)

premios son ayer conviniendo en seguida cuadros

apreciar el sueño época de los ojos

pomposamente que recitar el evangelio género se oscurece

grupo el apoteosis imaginar dice él fatalidad poder de los colores

talló perchas alelado la realidad un encanto

espectador todos al esfuerzo de la ya no es 10 a 12

durante divagación caracoleos desciende presión

volver de locos uno tras otro sillas sobre una monstruosa aplastando el escenario

celebrar pero sus 160 adeptos en paso en los puestos en mi nacrado

fastuoso de tierra plátanos sostuvo esclarecerse

júbilo demandar reunidos casi

de ha la uno tanto que le invocaba de las visiones

de los canta ésta ríe

sale situación desaparece describe aquella 25 danza salve

disimuló todo de no es fue

magnífica la ascensión tiene la banda mejor luz cuya suntuosidad escena me music-hall

reaparece siguiendo instante se agitar vivir

negocios que no prestaba

manera palabras vienen esa gente

OuLiPo

OuLiPo

El movimiento conocido con las siglas OuLiPo es uno de los más importantes del siglo XX, y aún hoy su influencia y actividad van en aumento (1). Fue fundado por Raymond Queneau y François le Lionnais a finales de 1960. Tiene entre sus miembros (porque sus miembros no son expulsados ni por deceso: una de las afirmaciones del grupo es la maleabilidad del tiempo) a escritores como Italo Calvino o Georges Pérec, así como también a distintos pintores y matemáticos; convirtiéndose de esta forma en un organismo ecléctico y pluridisciplinario, el cual se alimentó de las múltiples perspectivas que cada colaborador proponía a los demás. Sus dos pilares fusionables son: las Matemáticas y la Literatura (una literatura que llaman potencial, a causa de la infinita potencialidad de textos que todo texto entraña en su interior).

Si tuvieramos que señalar dos características fundamentales del OuLiPo, éstas serían la experimentación y la restricción (o la traba, en su lenguaje). La última configura la primera, y se convierte en la consigna que anima a todos sus participantes. Debido a la gran variedad de obras, las cuales van desde poemas que se modifican cada cierto número de palabras (el lúdico método S+7, el cual consistía en cambiar un sustantivo por el séptimo que le siguiera en un diccionario) hasta novelas como La Disparition (1967) de Pérec, en la que en ninguna de sus casi 300 páginas aparece una sola vez la letra "e" (2); el OuLiPo podría ser considerado como el producto natural del estructuralismo francés, donde el lenguaje no era ya imágenes evocativas, sino ante todo palabras, y esas palabras eran casi lo mismo que los cubos que utilizan los niños para construir edificios, derrumbarlos y volver a construirlos.

El "taller de literatura potencial" u OuLiPo tuvo una huella decisiva en cierta parte de la poética de Adán Coprovich. Es por ello que sugerimos recavar más información sobre el movimiento. Dos sitios web que recomendamos para ello (además, por supuesto, de su web oficial) son:

- Una explicación titulada "Cuarenta siglos del Oulipo", por Marcel Bénabou.

- Una entrevista a Marcel Bénabou parecida en Quimera.

 

(1) De hecho, en los últimos tiempos el OuLiPo rebasa el marco de lo literario y ha llegado a probar sus técnicas de creación en otras disciplinas artísticas, como el cómic o la música.

(2) El ejercicio de escritura de un texto evitando la inclusión de una letra se llama "lipograma". El lipograma más antiguo que se conoce es un poema de Laso de Hermione titulado Oda a los centauros. La historiografía histórica y universal del "oulipismo" es una de las claves del movimiento.

 

vicente huidobro. poética

huidobro

Basta ya de vuestros pedazos de hombre, de vuestros pequeños trozos de vida. Basta ya de cortar el hombre y la tierra y el mar y el cielo.

Basta de vuestros fragmentos y de vuestras pequeñas voces sutiles que hablan por una parte de vuestro corazón y por un dedo precioso.

No se puede fraccionar el hombre, porque hay todo el universo, las estrellas, las montañas, el mar, las selvas, el día y la noche.

Basta de vuestras guerras adentro de vuestra piel o algunos pasos más allá de vuestra piel.

El pecho contra la cabeza, la cabeza contra el pecho.

El ojo contra la oreja, la oreja contra el ojo.

El brazo derecho contra el brazo izquierdo, el brazo izquierdo contra el brazo derecho.

El sentimiento contra la razón, la razón contra el sentimiento.

El espíritu contra la materia, la materia contra el espíritu.

La realidad contra el sueño, el sueño contra la realidad.

Lo concreto contra lo abstracto, lo abstracto contra lo concreto.

El día contra la noche, la noche contra el día.

El Norte contra el Sur, el Sur contra el Norte.

¿No podéis dar un hombre, todo un hombre, un hombre entero?

El mundo está harto de vuestras voces de canario monocorde. Tenéis lengua de príncipes y es preciso tener lengua de hombre.

Es preferible oír los discursos de un picapedrero, porque él al menos siente su cólera y conoce su destino, él está en la pasión y quiere romper las limitaciones.

En cambio, vosotros no dais la gran palabra que se mueve en su vientre. No sabéis revelarla.

La gran palabra que será el clamor del hombre en el infinito, que será el alarido de los continentes y los mares hacia el cielo embrujado y la tierra escamoteada, el canto del ser realizando su gran sueño, el canto de la nueva conciencia, el canto total del hombre total.

El mundo os vuelve las espaldas, poetas, porque vuestra lengua es demasiado diminuta, demasiado pegada a vuestro yo mezquino y más refinada que vuestros confites. Habéis perdido el sentido de la unidad, habéis olvidado el verbo creador.

El verbo cósmico, el verbo en el cual flotan los mundos. Porque al principio era el verbo y al fin será también el verbo.

Una voz grande y calma, fuerte y sin vanidad.

La voz de una nueva civilización naciente, la voz de un mundo de hombres y no de clases. Una voz de poeta que pertenece a la humanidad y no a cierto clan. Como especialista, tu primera especialidad, poeta, es ser humano, integralmente humano. No se trata de negar tu oficio, pero tu oficio es oficio de hombre y no de flor.

poema huidobroNinuna castración interna del hombre ni tampoco del mundo externo. Ninguna castración espiritual ni castración social.

Después de tanta tesis y tanta antítesis, es preciso ahora la gran síntesis.

Nuestra época posee también sus bellas cabezas de algodón. De algodón con pretensiones explosivas, pero absolutamente hidrófilo.

¡Ah, ya sé! La medida, la famosa medida. Sois todos muy medidos. Si a veces esto no fuera un pretexto, si a veces ello no sirviera sino para esconder vuestro vacío.

Habéis nacido en la época en que se inventó el metro. Todos medís un metro sesenta y ocho, y tenéis miedo, miedo de romperos la cabeza contra el techo.

Pero necesitamos un hombre sin miedo. Queremos un ancho espíritu sintético, un hombre total, un hombre que refleje toda nuestra época, como esos grandes poetas que fueron la garganta de su siglo.

Lo esperamos con los oídos abiertos como los brazos del amor.

 

felipe juaristi. poética

felipe juaristi. poética

¿Qué puede hacer la poesía?

Puede hacer todo o puede no hacer nada; porque la poesía, amante de la paradoja, de la exageración, de los extremos, de la duda continua y permanente, oscila entre el todo y la nada; es pasión de la totalidad, o tendencia autodestructora; es circular como la mirada que toma la vida como si fuese una exposición: paisajes, miniaturas, bodegones, retratos, autorretratos..., nada de lo que sea artístico le es ajeno, nada de lo que es humano debiera serle extraño o postizo, en una palabra, impuesto. Porque en el mundo de la poesía, donde no siempre domina la armonía y la cordura, no hay más ley que la del todo y la nada, porque un poema no es mejor o peor que otro poema, porque un poema es poema o no lo es.

¿Cuándo un poema es poema y no algo, una prosa, un viento, un poco de lluvia, pasado como a escondidas y de contrabando?

Pues no lo sé. No es labor del poeta ejercer de aduanero o de gendarme, de inquisidor de la poesía (y que me perdone el crítico Gabriel Celaya), sino ser honrado en su trabajo o profesión de hacer versos.

¿En qué consiste dicho oficio?

La primera labor del artista, del poeta, es descubrir, como un investigador, un científico, un aventurero, un navegante, los secretos del arte. Dichos secretos apenas tienen que ver con encontrar el ritmo adecuado para cada verso, o la rima más sonora o eficaz. Metro y rima son especialidades, triquiñuelas y astucias de artesano, lo cual no quiere decir que no sean importantes en el quehacer poético. Cuando Antonio Machado se queja de cierta poesía barroca en la que se discurre y se razona pero no se canta, tiene toda la razón. Pero también la tienen quienes se quejan y se lamentan de un canto sin razones, y la tachan de discurso perdido. Poesía es canción, indudablemente, pero es algo más también. El arte, como dice Kundera, es algo distinto, está más allá o más acá, según desde dónde se mire, del ritmo y de la rima, está en el fondo de todas las cosas y son el sentimiento, el gusto, las ideas del autor, los elementos que lo empujan a la luz, a la vista de todos.

La poesía es una experiencia vivida. Pero no todos los poetas saben sacar provecho de esa experiencia. Rilke, en una de sus cartas escritas a un joven poeta, lo afirmaba con bastante mayor contundencia que la utilizada habitualmente: trate usted de expresar como un primer hombre lo que ve y experimenta, y ama y pierde. No escriba poesías de amor, sobre todo evite las formas demasiado corrientes y socorridas. Son las más difíciles, pues es necesaria una fuerza grande y madura para dar algo propio donde se presentan en cantidad buenas y, en parte, brillantes tradiciones. Por eso, sálvese de los motivos generales yendo hacia aquellos que su propia vida cotidiana le ofrece, diga sus tristezas y deseos, los pensamientos que pasan y su fe en alguna forma de belleza. Dígalo con la más honda, serena y humilde sinceridad, y utilice para expresarse las cosas que lo circundan, las imágenes de sus ensueños, los temas de sus recuerdos. Si su vida cotidiana le parece pobre, no la culpe, incúlpese usted; dígase que no es bastante poeta para suscitar sus riquezas...El texto advierte de las situaciones límite en las que puede encontrarse el poeta, encerrado en una prisión, a donde no llegara ninguno de los ruidos que el mundo en su generosidad extiende por todas partes. Incluso entonces el poeta tiene posibilidad de encontrar la riqueza poética, atrayendo el recuerdo. Lejos del mundo, el poeta se acerca al mundo, aunque de una manera extraña y nunca convencional.

El de Rilke, con ser interesante, no es el único punto de vista sobre la poesía, ni el mejor definido, ni siquiera el más claro, ni el más elaborado. Hay tantas definiciones de poesía como poetas, pero me sirve a mí en tanto escribo versos, porque traslada al ser, al hombre o a la mujer, el eje de la poesía. O como decía Cernuda: sólo podemos conocer la poesía a través del hombre. Y para el hombre, añadiría, aun sabiendo que hay otros destinos para la poesía: el cielo, por ejemplo. Afirma Huizinga que el mundo empezó a conocer por medio de la poesía. La poesía le ha sido útil al hombre en una época. La poesía le ha acompañado al hombre desde la cuna hasta la tumba; vida y poesía siempre han ido unidas. Cuanto más cerrado estaba el mundo para el hombre, fue la poesía la que le abrió las puertas hacia la soledad, de donde parte toda posterior valoración de la compañía. Decía Goethe que no hay más poesía que la de las cosas que se sienten aún. Podía haber escrito que no hay más poesía que la de las cosas que se conocen o se saben, pero escribió sobre el sentimiento, que es donde nace la poesía.

No hay poesía sin sentimiento. Los sentimientos siempre son más ricos que las ideas. Pero como decía Machado, tampoco hay poesía sin ideas, sin visiones de lo esencial. Pero las ideas del poeta no van siempre divididas en categorías, como las del filósofo, o formuladas estrictamente en series regulares, como las del investigador o científico, sino mezcladas con sus ecos, requeridas por motivaciones que pueden ser afectivas o, también, racionales.

La poesía, por todo ello y también a su pesar, tiene necesidad de precisión, no de la claridad. La elipsis, la alegoría, la alusión, la acentuación de la frase pertenecen al terreno de la poesía. El sentimiento, sutil y sublime, no puede ser expresado con claridad. La lengua es demasiado pobre, y el sentimiento demasiado rico. La poesía, al ser palabra interiorizada y luego expuesta a la luz, al sol, parece solamente palabra bella. Y, no obstante, es palabra precisa.

Creo que en poesía existe la tentación de acogerse al tiempo inocente, al tiempo que no transcurre, que queda suspenso y no avanza ni retrocede, al tiempo utópico. Y el poeta pretende a veces actuar como si el tiempo fuera eso, un astro suspendido en el cielo, guía en las noches oscuras. Pero el tiempo avanza e impone su ley mortal.

La poesía no puede cambiar el tiempo ni puede cambiar el mundo. Nunca ha estado en su mano tal objetivo, tan loado y cantado por los poetas llamados "sociales", porque la poesía se dirige al individuo y a su mayor tesoro, que es el corazón. La poesía no es una medicina que sane al mundo de los males que le aquejan, que son muchos, variados y, desgraciadamente, de difícil solución, pero sí puede ayudar a la regeneración moral de la sociedad.

El hecho de que aún haya lectores y oyentes de poesía es un dato, al menos, esperanzador.

josé hierro. poética

jose hierroIgnoro totalmente qué es poesía. La olfateo, donde creo que está, y disfruto apasionadamente de ella. Como creador, aunque no sepa definirla, sé para qué me sirve: para decir (intentar) lo que no se puede decir. Es el humo resultante de la quema de un cuerpo que no recordamos qué era. Tarea de locos ésta de empeñarse en modelar el humo, en articular palabras que digan más de lo que dicen, que informen (vía lógica) y persuadan, contagien, seduzcan (vía mágica). El poeta apunta, pero nunca sabe si dio en el blanco. Ni siquiera está seguro de dónde estaba la diana.

Respiramos poesía, como respiramos oxígeno, aunque no lo advirtamos. Sin ella no podríamos vivir. Viene esto a cuento de eso que tanto se dice y repite, a veces con amargura, otras con desdén, por muchos poetas: "la poesía es para unos pocos, no se venden libros de versos porque no gusta". Por la misma sinrazón podría afirmarse que la música no gusta, pues es innegable que son muy pocas las partituras musicales que se venden. El problema viene de lejos, de la primera enseñanza, del olvido -Pedro Salinas lo recordaba- de que la poesía tiene sentido y sonido. Es el ritmo -llevo tantos años repitiendo lo que dijeron mucho antes, y mejor dicho, que siento rubor al insistir- el que hace claro para la sensibilidad lo que puede ser oscuro para la razón. Y se escribe, y se lee poesía porque todo está dicho y todo está por decir.

Temo parecer excesivamente optimista. O -lo que resulta más descorazonador aún- un conformista que hace de la necesidad virtud. Se equivoca quien piensa así. Vuelvo atrás la mirada y veo que, ni siquiera en el nefasto -poéticamente- siglo XVIII español, desaparecieron los navegantes líricos. Porque no hay tiempos malos o buenos para la poesía, sino poetas que no están a la altura de sus tiempos, del mismo modo que no hay tiempos -climatológicos- mejores o peores para los pronosticadores que acechan la llegada de las corrientes de aire.

Por la misma razón, contemplada por el envés, no hay temas poéticos más válidos para cada momento histórico. Todos tienen las mismas posibilidades. Recuerdo esto ahora porque miles de veces he oído esto de "¿la poesía social pasó a la historia?". Se olvida que, junto a poetas como Celaya y Otero, que se proponían cambiar el mundo con la herramienta de la poesía, había quienes, con menor eco entonces, decían su canción vanguardista tardía (¡curioso maridaje!), como Carlos Edmundo de Ory, o huían del testimonio presente en las naves del esteticismo, como los poetas del Grupo Cántico. Consecuentemente, no hay razón para que el poeta, el que libre y necesariamente tome ese camino, escriba poesía social, pues el ser humano se debate -como tan hermosamente nos recordó Cernuda- entre la realidad y el deseo. Nada importa que lo social haya dejado de ser una moda: continúa siendo una corriente que lleva muchos siglos de camino. El poeta es libre para hacer lo que le dé la gana, excepto para no hablar de lo que le exige su corazón. Por mi parte, con mayor o menor fortuna, es lo que siempre he querido hacer.

fractales. Poética de Pablo Paniagua

A continuación reproduzco un artículo publicado en 2007 por Pablo Paniagua, por su interés y claridad de exposición.

fractal2

 

¿Qué son los fractales? Para empezar a responder esta pregunta nos tenemos que remontar al año 1497 cuando un monje italiano, Lucca Paccioli, dio a conocer lo que era “la divina proporción”, título del libro de su autoría donde explica los secretos de la “sección áurea”, proporción matemática que se basa en una regla de tres para establecer el equilibrio adecuado entre las partes de un todo. Esta división armónica ya fue utilizada desde la antigüedad, y casi siempre en arquitectura, por los egipcios, griegos y romanos, y más tarde en pintura por los grandes maestros del renacimiento, para establecer las reglas que les permitieran lograr una perfección compositiva.

 

Aquí nos damos cuenta de la importancia del “número” (lo cuantificable, lo que se puede medir), algo que ya dedujo la “escuela pitagórica” cuando equiparó la realidad al número; para ella los números gobiernan al mundo y el Universo es ritmo, o sea, que lo cualitativo está presente en todo. A partir de ahí es comprensible que, para imitar el patrón superior, el hombre tratara de unir las matemáticas y el arte en búsqueda de la perfección: catedrales, esculturas, pinturas, todo hecho respecto al número, las matemáticas aplicadas al espacio: la geometría.

 

“Geometría”, ésta es la palabra, el punto de partida hacia “lo fractal”, pues lo fractal pertenece a un modelo geométrico donde la “sección áurea” se equipara a una semilla sin germinar. Y ahora, a este respecto, aunque sea por semejanza botánica, me remito al concepto de “rizoma” en el que Gilles Deleuze y Félix Guattari se basan, según nos explican su libro “Mil Mesetas”, para organizar un sistema de multiplicidad que se expande a través de diferentes estructuras que son análogas a los rizomas de las plantas, y así explicar, con esta metáfora, los nuevos comportamientos sociales en el capitalismo tardío. Este concepto de rizoma es bastante similar, en su estructura organizativa, a lo que se desprende del orden fractal, con la salvedad de que en el segundo término los elementos que lo componen son más limitados y se generan a partir de sí mismos: son “recursivos”. Los fractales serían como una semilla geométrica que, al germinar, mediante la intervención de un proceso de algoritmos matemáticos, se expandiera de forma semejante al rizoma de una planta: “un punto de fuga al inverso generado por la repetición de sus mismos elementos”.

 

Esta “expansión fractal” la podemos encontrar, de manera concéntrica, en el origen y evolución del Universo, según las teorías del “Big Bang” (de Georgy Antonovich Gamov, en 1948) y la “Inflacionaria” (de Alan H. Guth, en 1981). Millones de estrellas y planetas en expansión, donde con ellos también se propagan el tiempo y el espacio, cuando nuestro mundo, nuestro planeta y nosotros, somos una minúscula partícula de todo ese entramado; de tal modo que nos encontramos, como individuos, dentro de un mega-sistema de semejantes características: “nosotros dentro de una sociedad que está compuesta por una especie, que puebla y se relaciona de manera fractal, dentro de este planeta que forma parte de un sistema solar que forma parte de un Universo de características fractales”. Por tanto, estamos marcados por la fractalidad desde lo más íntimo de nuestro ser hacia el exterior: “átomos, moléculas, células, tejidos, órganos… hasta completar un cuerpo que está regido por un cerebro de millones de neuronas interconectadas fractalmente”. Toda partícula forma parte de un algo y ese algo es la parte de un complejo superior que es la parte de otro que lo supera en magnitud, o sea, que nuestro Universo y nosotros mismos estamos determinados, sin lugar a dudas, por un orden fractal.

 

La Real Academia Española de la Lengua nos ofrece la siguiente definición: Un fractal es una figura plana o espacial, compuesta de infinitos elementos, que tiene la propiedad de que su aspecto y distribución estadística no cambian cualquiera que sea la escala con que se observe.

 

Ya, más o menos, nos vamos haciendo una idea de lo que es un fractal: “un sistema complejo que se multiplica hacia el infinito a partir de sí mismo” o, como lo definen en Wikipedia: Un fractal es un objeto geométrico cuya estructura básica se repite en diferentes escalas. El término fue propuesto por el matemático Benoit Mandelbrot en 1975. En muchos casos, los fractales pueden ser generados por un proceso recursivo o iterativo, capaz de producir estructuras auto-similares independientemente de la escala específica. Los fractales son estructuras geométricas que combinan irregularidad y estructura. Esta última explicación, desde luego, es mucho mejor que la que nos da la Real Academia Española, y, a partir de ella, nos hacemos una idea de lo que es un fractal.

 

Ahora, ya teniendo el concepto establecido, podemos partir desde este punto para hacer su aplicación en la literatura.

 

Está claro que a una oración, compuesta por un sistema de signos con sus significados y significantes, no se la puede someter a la secuencia de un algoritmo fractal, pues perdería su coherencia sintáctica; pero lo que sí se puede hacer es imitar los modelos fractales, respetando la sintaxis, para generar oraciones y textos que conformarán lo que se puede denominar como “literatura fractal”. Por tanto, “la literatura fractal sería aquélla que multiplica los signos lingüísticos, dentro de un orden sintáctico, como si se tratase de un juego de espejos que busca en esa repetición, en ese juego, una dinámica dentro de lo infinito, de lo laberíntico o lo circular”; o, dicho de una manera más sencilla: “La literatura fractal es aquélla donde se multiplican por sí mismos los elementos que la componen”.

 

Existen dos artículos en la “web” que tratan de fijar este concepto. El primero, que parece lleva por título “Literatura fractal”, es de Alberto Viñuela y data del 29 de julio de 2001. El segundo, “Literatura y el infinito”, es un trabajo escolar que, por su estructura, parece se basa o toma como modelo el de Alberto Viñuela, aunque aporta, dentro de su brevedad, alguna idea nueva y creaciones propias; está publicado sin fecha y sus autoras son: Tatiana Pérez Veiga, Martina Piñeyrúa y Eugenia Espona.

 

Alberto Viñuela nos define así la literatura fractal: Llamo literatura fractal a todo aquel escrito que manifiesta propiedades similares a las de los objetos fractales, centrándose sobre todo en los elementos recursivos, es decir, que hacen referencia a sí mismos. Alberto Viñuela nos propone diferentes maneras para lograr este objetivo mediante, por ejemplo, las “tautologías” (repetición de un mismo pensamiento dicho de distintas maneras), “historias cíclicas” (que empiezan y terminan, tras su desarrollo, con un concepto similar que une el principio y el final), “cajas chinas y cajas chinas cíclicas” (historias que contienen a otra historia y a su vez a otra historia…), y luego continúa, después de presentar ejemplos de diversos autores para cada uno de estos enunciados, abordando los temas de la “Ficción científica y los lenguajes fractales”, “La recursividad en la literatura religiosa”, para terminar su exposición con citas de algún que otro escritor conocido.

 

El otro trabajo, que se reduce más a la simple idea de lo infinito y su relación con la literatura, hace referencia a las paradojas de Zenón de Elea y sus juegos con el espacio-tiempo, para completar su desarrollo con un resumen de la ya comentada propuesta de Alberto Viñuela.

 

En ambos casos, para ilustrar sus planteamientos, aparece la figura y obra de Jorge Luis Borges como máximo exponente para este tipo de literatura.

 

 fractal3

ANTECEDENTES LITERARIOS

 

Son dos grandes escritores los que han creado su literatura, ya sea de manera consciente o no, bajo la influencia de un pensamiento cuya teoría y nombre fue posterior a la fecha de la publicación de sus obras (ya que fue en el año 1975 cuando Benoit Mandelbrot propuso el término “fractal”). Estos dos autores son: Franz Kafka y Jorge Luis Borges.

 

El Proceso y El Castillo son las dos novelas de Franz Kafka que están escritas bajo un marcado predominio de lo fractal. En las dos se expresa la imposibilidad del individuo frente a los mecanismos absurdos del poder, sus burocracias y sus mentiras. En ellas sus protagonistas han de seguir una tortuosa ruta, mental y física, para enfrentar una realidad que les sobrepasa con una serie de problemas que se encadenan sin encontrar nunca un final, repitiéndose dentro de un laberinto legal que somete al individuo frente a las arbitrariedades del poder que le gobierna y sus representantes. Este modo argumental tiene una gran similitud con lo que establece la dinámica fractal, de algo que empieza desde un punto concreto para expandirse en el espacio o en el tiempo, multiplicándose de manera iterativa, como son, en el caso kafkiano, el problema y el absurdo que lo genera, los elementos que se repiten una y otra vez a lo largo de la trama, en una lucha ideológica en la que las partes involucradas multiplican, a su vez, todos los motivos que demuestran cada acto de las mismas para buscar su propia justificación. La progresión fractal de los elementos argumentales, en estas dos novelas, hacen de la narración un complejo sistema que se determina como lo más característico e importante dentro de la estructura de la propia obra literaria. La figura del absurdo se reproduce por si misma para expandirse, con todos sus elementos connotativos adyacentes, hacia una lógica fractal que se constituye como el componente primario del término que se conoce como “kafkiano”.

 

Respecto a Jorge Luis Borges (declarado admirador de Franz Kafka), en casi toda su obra está presente, en mayor o menor grado, una perspectiva fractal que se caracteriza como lo más significativo del “pensamiento borgeano” y su universo literario. En sus creaciones podemos encontrar personajes inmortales, memorias que logran existir a través del tiempo y fuera del primer cuerpo que las contuvo, edificaciones laberínticas e imposibles, libros cíclicos que terminan donde empiezan y que se bifurcan en el tiempo, laberintos y más laberintos, granos de arena que se multiplican en sueños, una esfera donde se concentra el Universo entero desde sus diferentes configuraciones, los espejos y sus reflejos, sus juegos con el tiempo y los espacios, el giro sorpresivo de sus historias; todo en él, y su inteligencia, está tocado por el orden preciso de lo fractal. Aquí, no debemos confundir su tremenda erudición con esa inteligencia suya, que se basa, precisamente, en ese juego que hace con la existencia y con lo que está más allá, con lo metafísico y el devenir, con lo que se esconde detrás de las palabras y sus ideas, lo que permanece como fondo de su literatura, libre de toda superficialidad, para adentrarse a descifrar los enigmas de esa misma inteligencia que la hacen única, genuina y genial.

 

Estos dos grandes escritores han conseguido el reconocimiento por medio del estilo conceptual de sus historias, y a partir de una mirada fractal que recrea una nueva dimensión de la realidad, lo que, sin lugar a dudas, supuso un cambio de perspectiva en los horizontes de la literatura.

 

Ahora, tras haber señalado estos antecedentes, del tema que nos ocupa, cabe mencionar la existencia de dos textos que lo refieren: Manifiesto del Fractalismo y Manifiesto Fractal.

 

El Manifiesto del Fractalismo, cuya autora es Eva Neuer con fecha 27 de septiembre del 2000, es un manifiesto de aspiraciones universalistas, o sea, que trata de abarcar todas las manifestaciones del ser humano, dentro de su rol social y como ente individual. Eva Neuer parte del concepto de fractal para conformar una nueva postura fractalista y, a través de esta visión, poder acercarse al mundo. Este manifiesto, con todas sus propuestas, se ciñe a lo que marca el orden fractal y se justifica a través de él con un texto netamente fractal. El hombre, a fin de cuentas, es un elemento singular dentro de un Universo fractal, que debe estar en armonía con su entorno por el hecho de pertenecer a él y por ser consciente de ello. Como todo manifiesto universal, es una exposición de ideas utópicas que, por serlo, no dejan de ser admisibles y que invitan, según su autora, a reflexionar para convertirse en un principio de búsqueda interior que ha de manifestarse hacia el exterior.

 

Otro caso distinto es el Manifiesto Fractal, cuya autoría es de Héctor A. Piccoli con fecha de marzo del 2002, que es literario y atañe exclusivamente a la poesía. Con este manifiesto trata de justificar el rescate de la musicalización como medio para contrarrestar una prosificación que, a su parecer, debilita el hecho poético. Critica la prosificación pero no formula su propuesta de manera concreta y menos en relación al orden fractal, pues en ningún momento se vale de los conceptos fractales (pues no los explica ni mucho menos los utiliza) para justificar su postura de “repensar la esencia rítmico-musical del verso”, y, a través de este planteamiento, “repoetizar la poesía”. Propone, también, “trabajar con el ordenador” (sin explicar en qué sentido), y hacer poemas generativos, interactivos y esencialmente plurales, respecto a las unidades de un poemario compuesto por varios poemas, para terminar diciendo que así entrarán en el “laberinto y no sólo en el endecasílabo”. Queda la sensación, tras leer este manifiesto, que su autor se sirve del término fractal para formular un ideario en el cual lo fractal es una mera excusa, además de caer en la superficialidad de una poética que se basa, casi exclusivamente, en el ritmo y la musicalidad, cuando lo importante de la poesía es lo que se dice entre líneas, lo que se esconde detrás de las palabras, lo que evoca: “lo que hace que no sea una simple canción”.

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EJEMPLOS DE LITERATURA FRACTAL

 

Los ejemplos con los que a continuación trataré de ilustrar, de manera más práctica y detallada, todo lo expuesto hasta ahora, son de mi autoría y con ellos, he de admitir, no se agotan las posibilidades en la búsqueda de lo que es la literatura fractal.

 

 

Desdoblamientos:

 

Ya nada es igual desde que salí por la puerta y me quedé solo en casa, frente al televisor. Ahora voy bajando por las escaleras y sigo aquí, sentado en un sillón, pensando en mí que ya estoy en la calle. Continúo con el paso y me dirijo hacia otro lugar, donde pueda reconocerme sin ninguna duda, ya fuera de esta habitación… Allí estoy, sentado en un banco del parque; al pasar por mi lado me saludo. “Hola, ¿cómo estas?”, me respondo. “¿Y tú?”, me pregunto. “Bien, muy bien, sentado aquí en el sillón frente al televisor”, termino por contestar… Ya nada es igual desde entonces, porque ya no estoy aquí, ni en el parque, ni caminando; sólo sé que algún día seré lo que no soy y estaré donde no estoy, pues todo lo ignoro sobre este asunto que me es tan incomprensible.

 

 

Visión Caleidoscópica:

 

Estoy afuera y veo a los de adentro, pero ellos no me ven, y eso que les hago señales con los brazos para llamar su atención. Ellos giran a mi alrededor sin mirarme, pues caminan con la vista fija en el suelo, contando sus pasos. Son catorce hermanos gemelos que dan vueltas dentro de una habitación circular, o uno solo frente a trece espejos fraccionados. No lo sé; trataré de detectar cualquier movimiento distinto en todos ellos, pero por ahora es imposible. No puedo ver nada más que mis pies al caminar, cuando siento que alguien me observa desde afuera moviendo los brazos, para llamar mi atención. Creo que son trece hermanos gemelos idénticos a mí.

 

 

Dinámica Circular:

 

Vasta es su mirada, penetrante, tanto que la noto dentro de mi cabeza, inspeccionando los recovecos de mis pensamientos y mucho más allá, para adivinar lo que ahora no pienso y luego pensaré; así se anticipa siempre a mí… Ahora siento que él, con su vasta mirada, soy yo; porque no me deja ser, porque asume todos mis actos antes de que yo los pueda realizar. Vive mi vida antes que yo, y piensa y habla antes de que yo lo pueda hacer. Me roba el pensamiento y la palabra, y camina todo el día frente a mí con su vasta mirada, penetrante, tanto que la noto dentro de mi cabeza inspeccionando los recovecos de mis pensamientos y mucho más allá, para adivinar lo que ahora no pienso y luego pensaré.

 

 

Dinámica Cíclica:

 

El agua cae del cielo y no hay nubes, sólo una atmósfera transparente, pero el agua, como un torrente, me deshace a la manera de un terrón de azúcar. Mi sustancia, diluida en el agua fluvial, corre por las hendiduras de la piedra escurriéndose hacia lugares ignorados, tanto como ese agua que cae de un cielo transparente y sin nubes, la misma que me deshizo igual que un terrón de azúcar, para escurrirse hacia los rincones desconocidos de un paraje que se mojó entero con mi sustancia y con el agua inesperada de un cielo transparente y sin nubes, que se precipitó como un torrente sobre mí…

 

Dinámica Laberíntica:

 

Dentro de cualquier duda hay otra duda que se originó en esa incapacidad para definir cuál es la duda que la contiene, círculo en movimiento que se expande y regenera, que se alimenta de la propia ausencia de decisión. Las probabilidades se ven todas inadecuadas, cuando ninguna se impone sobre la otra y la duda en sí. Nada es posible y todo lo es a la vez, probabilidades que ahora se contienen dentro de esa duda, que la procuran. Más allá de cualquier duda hay otra duda, más allá de cualquier razón hay otra razón. Razones para la duda, dudas para razonar. Probabilidades que se esconden tras la razón y la elección, para acabar con la duda que nació a partir de esas mismas probabilidades, de la duda contenida dentro de otra duda y de su incapacidad para no dudar.

 

Dinámica en la Repetición:

 

Él dice que yo digo lo que no pienso, y seguro que piensa que no digo lo que pienso; eso es lógico porque una cosa es lo contrario de la otra, pero así dicho, según lo pienso, suena bien; aunque, como digo lo que no pienso, no puedo pensar según creo que lo pienso, ya suene bien o sea cierto; pero esto es así desde el punto de vista de cómo él lo piensa y no cómo yo lo pienso; pero al final, estas cosas de creer lo que piensa cada cual, cuando se habla sobre lo que piensa o dice el otro, son cuestiones de ser pensadas.

 

Dinámica de Mutación:

 

La naturaleza muda con las estaciones, como cuando yo me quedo sin palabras. La voz ya no me sale, ya sea por falta de ideas o por afonía. Lo peor es la afonía mental que me asalta en mañanas, nada más despertar, laxitud de la memoria que se extiende hasta que tengo el desayuno sobre la mesa, que luego muda de ahí hacia mi estómago. La ducha ya me despierta de verdad, cuando se levantan las palabras que mudan en ideas, para que la afonía desaparezca de mi garganta. En ese transcurso de tiempo, como una muda de estación, pasó una mujer que nunca dijo una palabra, cuando tomó aquel tren que realizaba su trayecto entre el verano y el otoño. Ahora las hojas secas mudaron de las ramas para formar una alfombra sobre el suelo, y ella camina, al llegar a su destino, con un paraguas sin tela por encima… Pero luego todo cambió de su lugar, la señora muda y las estaciones que mudan, pues al abrir la puerta y salir de la casa me topé con el invierno. No me gusta el frío porque me deja más que mudo, no lo puedo soportar y regreso hacia la casa. Entonces, es cuando cierro los ojos y pienso en la primavera, para que todo mude dentro mi ser.

 

Juego de Espejos:

 

Cuando la vi por segunda vez, ella ya no estaba, se había ido. Menos mal que la llevé conmigo, en la emulsión de plata de la película fotográfica, que luego revelé. Del negativo la pasé al positivo con un chorro de luz y luego la fijé sobre un papel bajo los líquidos. Entonces apareció poco a poco, mirándome desde dentro del fluido. De pronto me pude ver reflejado en sus pupilas, mi silueta, y también frente a ella dos veces: en ese instante y cuando le tomé la fotografía; instantes triplicados pues ella también estaba en mi memoria. Tantas veces, tantos reflejos, tan engañosa la realidad, como un juego de espejos que multiplica sin querer todos los instantes.

 

Dinámica Concéntrica:

 

Cuando llegué a aquel lugar ya no estaba, se había ido o se lo habían llevado. Sólo encontré un tremendo vacío, como el de antes de ser gestado, cuando ni siquiera suponía un proyecto en la mente de mis padres. Allí, en este lugar inexistente, decidí esperar por si regresaba con la esperanza de advenir el principio y con la sospecha de que podría estar muerto… El despertar, en este caso, sería el regreso del lugar y a la vez el mío a él, algo que nos uniría en una misma dimensión. Pero ahí continué, en el trance de la espera, sin existir y rodeado de esa nada, como un pensamiento único que trataba descifrar qué paso con ese lugar desaparecido que tal vez fuera mi propia vida, la que aún me niego a admitir que se extinguió. Espero que todo sea un mal sueño y, al despertar, me encuentre con algo más que este pensamiento para saber que existo.

 

Proceso Invertido:

 

“Visiones invisibles”, así dicho, tiene una doble interpretación: ¿Es invisible lo que no se ve o lo es el acto de mirar? En el primer caso sería la nada, en el segundo una mirada vacía; visión invisible en los dos. ¿Qué más dará entonces lo uno o lo otro, cuando, a pesar de que en esencia son diferentes, el resultado es idéntico? Ambos se contienen en sí mismos, con una negación y una afirmación que los conduce hacia la nada y al vacío. Así son todas las visiones invisibles, no existen, y tú aquí, por tanto, no has leído nada.

 

Y así se puede experimentar en la búsqueda de nuevas soluciones de literatura fractal, cuando estos ejemplos, en su reformulación, se podrían mezclar entre ellos en un sin fin de probabilidades en una lógica fractal dentro de lo fractal.

 

Aquí termina esta breve exposición, con la que espero haber contribuido a sentar las bases o clarificar qué es la “Literatura Fractal”, concepto hasta ahora un tanto difuso y desconocido, pero que siempre ha estado ahí, en su esencia, sin que lo sepamos, en nuestro Universo y en nuestro interior.

 

 

Hugo Mújica. Poética.

Hugo Mújica. Poética.

Antes de encarar el tema de la particularidad de la lectura de un poema, empecemos por afuera, por nosotros, los lectores. Sin duda hay un situarse ante todo y, también sin duda cada situación pide ella misma una manera distinta de ser abordada. En cuanto a la lectura, es evidente que no es lo mismo tener los ojos sobre un diario que la "Divina Comedia", un manual de computación que un libro de poemas... Sólo si tenemos una actitud propia para cada encuentro, cada encuentro nos podrá revelar lo propio de sí.
Desde Aristóteles hasta nuestros días, "comprensión estética" y "desinterés" son dos conceptos indisociables para la mayoría de las teorías sobre el arte: "el arte es un objeto de contemplación y no de necesidad", decían los medievales, y siglos después así definiría otro filósofo el gozo ante lo artístico: "un placer desprovisto de todo interés". Contemplación y desinterés que podríamos reunir en una actitud: dejar que lo que está ante nosotros, el poema o la música, la pintura o la vida toda, sea lo que es sin manipularla, sin buscarle provecho o la utilidad, simplemente contemplarla, escucharla, dejarla ser... dejarla decirse.
Un río -para ilustrar lo que acabamos de afirmar- no se dice, no se manifiesta de la misma manera al sediento que se pregunta por la potabilidad de sus aguas que ante el ingeniero que busca determinar su caudal energético, menos aún ante quien, desinteresadamente, deja al río ser río: movimiento, reflejo, sonoridad... voz. Deja que el río sea río, sea lo que él es para sí mismo, no lo que es para mi necesidad. El sediento congela al río espejo de su sed, el ingeniero evalúa su utilidad, sólo el contemplativo recibe al río, lo acoge: se abre ante él. Es esta última actitud la que reclama y
por la que clama la poesía, que reclama para ser el inicio de una experiencia y no la conclusión de un razonamiento. La actitud esencial ante un poema, para que él nos hable, nos entregue su esencia poética, no es buscar sacar algo, sea una definción, un concepto o una respuesta, sin o la de abrirse al poema como ante una totalidad, un mundo verbal que
se conjuga en sí mismo, dentro de sí. Es saber que la poesía no describe al mundo, inscribe un nuevo mundo, abre perspectivas, alternativas... instaura nuevos sentidos. Los crea.
Acabo de decir sentidos, no significados; la pregunta sobre qué dice la poesía no es la pregunta sobre el significafo sino sobre el sentido, es aquello que no dicen las palabras pero se dice en las palabras, aquello que más que decirse, hace que lo diga yo. No se trata de qué dice la poesía sino qué me hace decir sobre mí, sobre el mundo, la vida: no sé qué dice sino qué enciende, qué alumbra. Tampoco se trata de sacar algo de un poema, de quedarme con una idea, se trata de que me saque, me saque del mundo pragmático y utilitario para ponerme en otro lugar: ponerme en un mundo abierto, o en lo abierto del mundo que es lo que la poesía expresa, expresa y abre, expresa abriendo. Como cada hombre o mujer vibra con una música distinta, se conmueve ante un paisaje diferente, también la poesía, como todo, es múltiple en su expresión, generosa en su entrega. Debemos buscar la propia, el poeta que nos habla, aquél, aquéllos, con los que entonamos, aquéllos con los que afinamos nuestro oído a su música: aquellos cuya poesía nos nombra.


Un poema se lee como se escucha una sonata o como se mira el mar, sin para qué, no buscando que nos informe, sino esperando que nos transforme. Para que la poesía se diga, en definitiva, no hay que entenderla sino dejarla resonar, abrirse a ella, y en ella, abrirse en el espacio que ella misma convoca con su propia voz. Realizar y realizarnos en esa actitud, que llamaría una enseñanza de la pasividad. Pasividad que, en su inacabable dilatación, culmina en una poética de la receptividad, culmina en la mayor y más difícil actividad: escuchar.